La vimos en el cine el jueves pasado. Aprovecharé para agradecer al C.E.P. de Telde el ofrecimiento de esta actividad y la subvención de la misma. De los lugares que leo, destaco la reseña de Víctor Cuevas en su blog “EDUCADORES21″.

Mucho se ha hablado y escrito de esta película con vocación de documental realista. Poco hay que añadir salvo lo personal.

Vimos en ella los nervios de los/as profesores a principios de curso en el reparto de cursos y grupos. Vimos a los/as más veteranos/as informando a los/as recién llegados: “Este grupo es bueno, este es malo, este… bufff”. Vimos la sala de profesores/as y los nervios de un profe joven quejándose amargamente de determinado grupo especialmente conflictivo. Asistimos a un consejo escolar, una junta o sesión de evaluación, la instrucción de un expediente disciplinario (“consejo disciplinario”, decían en la película). También contemplamos una reunión de un tutor con los/las padres/madres de los/as alumnos/as. A un profe haciendo lo imposible por mantener el ritmo de una clase con un grupo difícil, los problemas, inquietudes, contestaciones y encontronazos del alumnado, tanto entre ellos/as como con sus profesores/as.

El director y la jefe de estudios al pie del cañón. Peleas en el patio. Burlas, menosprecios y faltas de respeto al profesor protagonista por parte de su alumnado. Un profe que, como ser humano que es, se equivoca y puede provocar un incidente de gran calado. Alumnos/as y profes jugando al fútbol en el partido de final de curso. Aulas con faltas de medios. La llegada de un alumno inhabilitado de otro centro. La crítica al sistema educativo. Y tantas y tantas otras cosas.

Lo que más me llamó la atención de la película fue esta frase que pronuncia, precisamente, el alumno que ha llegado nuevo al centro inhabilitado de otro. Se la dice al profesor protagonista, a su tutor:

“Los profesores que expulsan a los alumnos de un instituto son unos hijos de puta”

Me quedé reflexionando largamente (y aún lo sigo haciendo) sobre mis cinco años anteriores como jefe de estudios y sobre mi participación positiva en las decisiones sobre la inhabilitación de algunos/as alumnos/as. Me quedé pensando en que, si he merecido ese calificativo por parte de algún alumno/a inhabilitado/a, tal vez haya denigrado la profesión más importante y decisiva en la que puede ocuparse un ser humano: la Educación de los/as jóvenes. Ya digo: sigo pensando en esto.

Y la última imagen de la película, el aula vacía, tan tranquila (ya a salvo de incidentes) como triste y penosa, moribunda, decadente. Así me parecen a mí las aulas de las que salgo una vez se han marchado todos/as los/as alumnos/as a las 14:oo h. Durante unos segundos experimento cierta tristeza. La clase ha terminado, como si algo, no sé qué, hubiera muerto.

Así “suena” un aula sin alumnos/as.